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Las Cañitas "Ideal Restaurante"

"Todo lo que se llamó Avenida Vértiz a la altura del Hipódromo Argentino, era anteriormente pantanos y bañados: la instalación del hipódromo en la parte llamada Potreros de la Policía mejoró la zona, en donde las aguas llegaban a veces hasta Luis María Campos"

"Palermo o San Benito de Palermo"
Roberto C. Boracchia"


¿Cuándo se convirtieron los alfalfares en ese catastro irregular que avecina a un Scherer con un Murillo? ¿Qué fidedigno puede ser un plano que consigna, parco, "terreno denominado Pólvora del Comercio?

Había un parche de dudosas hazañas unas leguas más al sur, llamado "Tierra del Fuego", que el propio Borges no olvidó celebrar. Ni qué decir de la saña sin metáfora de convertirle el hogar en zoológico al rival político en retirada. Para cuando Buenos Aires fuera distinguida con el provisorio honor de ser capital de la República, uno de sus límites era, precisamente el borde sur de "Las Cañitas", esa pesadilla sanitaria que fue el arroyo Maldonado. Estamos en 1867, y el otrora Palacio de Palermo, residencia del exiliado Brigadier Dn. Juan Manuel de Rosas, aparece ocupado por una Escuela de Artes y Oficios. Casi una década después, con una peste de cólera y otra de fiebre amarilla sobrevividas, la vida de Las Cañitas resulta tan hipotética como improbable. Y ya se había inaugurado el Parque 3 de Febrero.

Sabemos que para 1881 el Sr. Vicente L. Casares pagaba el arrendamiento trimestral por los terrenos del hipódromo fijado en la suma de pesos doscientos cuarenta y nueve con noventa y seis. Y que el saladero que aprovisionó a los cuarteles colorados asentados en la zona -y a las vecinas cuarteleras- fue loteado en favor del Ferrocarril Rosario y los Argerich, y los Bravo, los Fabre, los Alfil, los Alberti... Pero no fue sino hasta 1914 en que por ordenanza municipal el "camino de las cañitas" pasa a llamarse Luis Ma. Campos.

Hasta entonces eran célebres las carreras cuadreras que se realizaban a su vera, desvelo de la policía provincial de entonces. Y su territorio abrigaba una geografía pródiga en leyendas, abonada por las armas y herrajes que sin cesar se rescataban de los trabajos que su suelo flojo demandó siempre (dicen que desde el comienzo fue menester traer tierra desde Belgrano).

Hoy "Las Cañitas" se dibuja su propio contorno, tan independiente del albur del deporte de los reyes, cuanto del ademán vacío de los ejércitos. Y a su vez, con soberbia sencillez ensaya un gesto soberano de dominio: la cocina. Sorprendente revés de la metralla y del placé. Un lugar (¿el mejor?) en Buenos Aires, donde sentarse a comer y beber lejos de todo lo que pasa.

Florentino Marcial Fernández

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